Las duras lecciones del ébola

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  • En el remoto puesto de salud de Koribondo no hay electricidad, la única comadrona va rápido de una embarazada a otra y las enfermeras traen cubos de agua de un pozo cercano. En una tarde lluviosa, decenas de madres esperan su turno para realizarse las pruebas de malaria bajo un techo lleno de goteras. Muchas han caminado durante horas por caminos polvorientos hasta llegar al dispensario. Mientras tanto, la motocicleta que hace las veces de ambulancia permanece aparcada. No hay combustible para utilizarla.

  • Un año después de que se declarara que Sierra Leona estaba libre del virus del ébola, este pequeño país de África occidental sigue esforzándose por reconstruir su sistema sanitario. La malaria continúa siendo la principal causa de enfermedad y mortalidad: es responsable de más del 40% de la morbilidad de pacientes no hospitalizados y del 38% de las muertes de niños menores de cinco años. Por sí sola, la malaria acabó con el doble de vidas en 2014 que el brote de ébola. Sin embargo, Sierra Leona espera que las duras lecciones que el país se vio obligado a aprender al enfrentarse a la epidemia de ébola ayuden, con el apoyo de los asociados, a establecer nuevas estrategias que salven vidas y contribuyan a evitar que cualquier brote futuro se convierta en una amenaza mundial.

    La distribución masiva de medicamentos antimaláricos, una iniciativa que se llevó a cabo durante el punto álgido del brote de ébola con el apoyo del UNICEF, la OMS y el Fondo Mundial, permitió entender algunas cuestiones esenciales: la importancia de formar y utilizar con mayor eficacia a los trabajadores de salud comunitarios, y la función de la movilización social. Los miles de hombres y mujeres que se implicaron en la lucha contra la malaria y el ébola, mostrando una heroicidad y compasión extraordinarias, se convirtieron en una fuente de inspiración para la búsqueda de un futuro mejor en el país. “Cuando las comunidades participan, la diferencia es enorme”, afirma el Dr. Brima Kargbo, Director Médico de Sierra Leona. “Esta fue nuestra mayor lección”. 

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    Durante el brote de ébola que se produjo en Sierra Leona, el Fondo Mundial movilizó un fondo de emergencia para financiar la administración masiva de medicamentos antimaláricos con el objetivo de reducir los casos de malaria y descongestionar así los centros de salud que se vieron desbordados por la epidemia de ébola. Dado que el ébola y la malaria presentan síntomas similares, era esencial reducir los casos de malaria y permitir que se diagnosticara y tratara con mayor facilidad a los pacientes con ébola.

    Esta iniciativa, para la cual fue necesaria una planificación detallada, la adquisición y distribución de medicamentos, formación, el despliegue de personal y un seguimiento pormenorizado, consiguió llegar al 95% de los hogares más afectados por el ébola y reducir drásticamente los casos febriles.

    “Trabajábamos de sol a sol, yendo de casa en casa”, recuerda Mabinty Dumbuya. Superar las percepciones negativas fue todo un reto. “Manteníamos reuniones comunitarias y llevábamos pan y cerveza de jengibre”. La campaña desempeñó un papel crucial a la hora de restablecer la confianza entre las comunidades y el sistema de salud, que había sufrido un gran desgaste debido a la información errónea y a los mitos en torno al ébola.

    Sierra Leona apenas se estaba recuperando de la guerra civil cuando el virus del ébola golpeó el país en 2014. Con niveles generalizados de pobreza y analfabetismo, el país tenía desde hacía tiempo una de las mayores tasas de mortalidad materna del mundo. El Fondo Mundial ha determinado que los entornos operativos conflictivos (es decir, países o regiones afectados por una gobernanza deficiente, catástrofes o conflictos) sean una de las principales áreas de atención de nuestra estrategia para 2017-2022.

    Sierra Leona ha realizado ímprobos esfuerzos por reducir el número de muertes maternas y la malaria gracias a la ampliación del acceso a herramientas tales como mosquiteros tratados con insecticida, pruebas de diagnóstico para niños y tratamiento preventivo para mujeres embarazadas. Sin embargo, cuando surgió el ébola el caos se apoderó de los servicios dirigidos a la malaria y otras enfermedades infecciosas. Entre 2016 y 2018, el Fondo Mundial invertirá US$ 103 millones en reconstruir los servicios de VIH, tuberculosis y malaria, así como para fortalecer los sistemas de salud.

    Los trabajadores de salud comunitarios, como Isala Sesay, son esenciales para luchar contra la malaria en Sierra Leona. Se calcula que la enfermedad acabó con la vida de 7.800 personas en 2014, prácticamente el doble de las 3.956 que murieron por el ébola. “La comunidad nos conoce y acepta”, destaca Isala, que acude a aldeas remotas para prestar atención sanitaria básica. El Gobierno está elaborando una estrategia para desplegar y formar mejor a los 15.000 trabajadores de salud comunitarios que existen en el país.

    Kultumi Bungura trabajaba como enfermera en el ámbito de la malaria cuando contrajo el ébola a través de un paciente. Este virus acabó con la vida de 221 trabajadores sanitarios de primera línea en Sierra Leona, que ya tenía una de las proporciones más bajas de doctor-paciente del mundo. Kultumi habla con voz suave y explica cómo logró sobrevivir. Nada más recibir el alta, regresó a su dispensario. “Nuestro deber es ayudar a las personas”. La enfermera, que tiene cuatro hijos, sufre cefaleas y problemas de visión, dolencias comunes entre quienes sobreviven al ébola.

    La unidad de salud de Koribondo, que atiende a 7.000 personas en la zona central de Sierra Leona, es un ejemplo de las duras condiciones a las que se enfrentan la mayoría de las instalaciones ubicadas en zonas rurales. Los pacientes caminan durante horas para llegar al centro de salud que padece una severa carencia de equipo médico. La falta de educación también contribuye a que las derivaciones a otros servicios se realicen tarde. La malaria puede ser mortal si el tratamiento no se administra en un plazo de 24 horas tras la aparición de los síntomas.

    El ébola acarreó profundos cambios sociales y culturales en las vidas de las personas. Por ejemplo, se evitaba darse la mano para prevenir el contagio, e incluso repercutió en la tradición de contar historias. La abuela de Alie Bai Kargbo abandonó esta práctica cuando Alie (segundo por la derecha) y dos familiares contrajeron el ébola. Cuando se recuperaron, la familia de soldadores retomó la tradición. El cuento favorito de Alie narra la historia de un herrero de un pueblo que vence con inteligencia a un grupo de amigos que solían visitarle a mediodía con la intención de comerse su almuerzo.

    Con el apoyo de numerosos asociados, Sierra Leona espera que las duras lecciones aprendidas traigan consigo un futuro mejor. Según el Informe Mundial sobre la Malaria de 2016, África subsahariana ha conseguido grandes avances contra la malaria. Sin embargo, en el informe también se advierte que siguen existiendo importantes deficiencias en la cobertura de los programas en muchos países de la región, especialmente en aquellos que tienen sistemas de salud frágiles y una morbilidad elevada.